EL SISTEMA POLÍTICO DE GAO XINGJIAN


En su discurso de aceptación del Nobel, el escritor exhibe las vergûenzas del régimen de Pekín


«La literatura china ha sido devastada y asfixiada al someterse al dictado de la política». Así de rotundo se mostró en su discurso de aceptación del Nobel Gao Xingjian, previo a la ceremonia de entrega del premio, que tendrá lugar el próximo domingo en Estocolmo. El autor de «La montaña del alma» hizo un encendida defensa de la literatura como ejercicio de soledad más allá de los intereses del poder político, del mercado voraz. Puso como ejemplos de tenacidad y autenticidad a Franz Kafka y a Fernando Pessoa, «el poeta más profundo del siglo». Xingjian no concibe la literatura como un acto de comunicación: «La literatura nace de la necesidad que tiene el escritor de cumplir consigo mismo».


Xingjian ha sido declarado persona «non grata» por el gobierno chino, y anteriormente estuvo internado varios años en un campo de concentración durante la revolución cultural china. No resulta extraño que ayer se tomara su revancha particular. A las críticas vertidas por las autoridades de su país tras la concesión del premio -dijeron que su obra no era representativa de la literatura china-, el novelista leyó un discurso sobre la independencia del escritor y la trascendencia social que ha tenido la literatura en el siglo XX.
    Ante un selecto auditorio en el que se encontraban presentes sus amigos, Xingjian reivindicó la necesidad de una literatura independiente del mercado y atacó duramente a las dictaduras y a los políticos que han intentado someter a la literatura. «La literatura china del siglo XX ha sido repetidamente reprimida hasta el punto de ser sofocada, por la sencilla razón de que la política dictaba la literatura», indicó.

    «Yo no sé si es el destino el que me ha puesto en esta tribuna», confesó Gao en sus primeras palabras, y agregó «pero ¿por qué no llamar destino al azar forjado por una serie de felices coincidencias?». Desde los primeros párrafos dejó clara su intención de apartarse de una retórica historicista y política: «Quiero utilizar esta oportunidad para hablar con la voz de un escritor», dijo. ¿Y qué clase de persona es un escritor? Se preguntó: «Es una persona normal pero también la más sensible, y la gente que es sumamente sensible es a menudo la más frágil». También se alejó de la visión social del literato: «Un escritor no se expresa como portavoz de nadie ni tan siquiera representa la encarnación de la honradez».

    Acto seguido, aseguró que cuando la literatura se convierte en bandera o en himno de una nación pierde su esencia para convertirse en «sustituto del poder del beneficio». Denunció que el escritor se ha visto sometido a una opresión sin precedentes. «Para que la literatura pueda salvaguardar la razón de su propia existencia y no sea el instrumento de la política debe volver a la voz del individuo ya que la literatura deriva de los sentimientos de las personas y es resultado de esos sentimientos. Pero esto no quiere decir que la literatura deba divorciarse de la política». Como si se tratase de pinganillos.

    Como ejemplo de la perversión que produce la mezcla de escritura y poder, Gao citó lo que sucede en su país de origen: «El ataque a la cultura china tradicional en nombre de la revolución trajo consigo la censura y la quema de libros. Numerosos escritores fueron asesinados, encarcelados, deportados o castigados a trabajos forzados durante los últimos cien años». La revolución china fue «aún más extrema que cualquier período de la dinastía imperial en la historia de China, creando enormes dificultades para los escritos en esa lengua y más aún para cualquier discusión sobre la libertad creativa».

    Para Xingjian, el punto de partida de la literatura está en el diálogo que el escritor establece consigo mismo. «El uso de la lengua para comunicarse es secundario», añadió. Afirmó que el creador trabaja sin esperar ningún tipo de recompensas, alejado de cualquier ruido social. «Yo empecé a escribir “La montaña del alma” para disipar mi soledad interior justo en una época en la que mis anteriores trabajos habían sido prohibidos por la censura. Esta novela la escribí sin la esperanza de que fuera a ser publicada». Así se escribieron las cuatro obras más grandes de la literatura china -señaló- y así trabajaron Kafka -«el pionero de la ficción moderna»- y Fernando Pessoa -«el poeta más profundo de este siglo»-.
 

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